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ESPAI 13 | FUNDACIÓN JOAN MIRÓ | BARCELONA


CICLO UN PIE FUERA. EXPEDICIONES Y DIÁSPORAS

13.07.17 - 11.09.17


Fruit belt, es una expresión inglesa para referirse a regiones con un microclima ideal para la producción de frutas. Es bàsicamente, un entorno compuesto por grandes extensiones de parcelas agrícolas, almacenes frigoríficos industriales, y un tejido de pequeños caminos que conectan con las principales arterias de exportación. Es también el lugar donde arranca la investigación de este proyecto. Una propuesta que observa el procesado de los alimentos y que, principalmente, viene a interrogarse sobre el ciclo vital de las materias primas y su flujo permanente. Un largo proceso que encadena trasvases energéticos y procesos logísticos en tanto que, la mayor parte de las extracciones que se obtienen del entorno, terminan infiltrándose en nuestro organismo.

Tomando como referencia el proceso natural de respiración de las manzanas, el proyecto que presenta Martin Llavaneras, se centra en una serie de técnicas post cosecha utilizadas a lo largo de su proceso almacenamiento y transporte. Tecnologías desarrolladas para controlar el estado de maduración de las frutas y retrasar su etapa de oxidación, aquello que en el campo de la alimentación se conoce como senescencia. Estos procedimientos de estabilización artificial permiten que los frutos, ya lejos del árbol, entren en un estado de latencia, una hibernación que alarga su vida durante meses. Esta dilatación vital se hace posible al modificar el tipo de atmosfera que respira el fruto, reduciendo la presencia de oxígeno a unos niveles mínimos, lo que se llama provocar el estrés a la fruta. Esta técnica se complementa habitualmente impermeabilizando la piel del fruto con una serie de recubrimientos que la protegen de hongos y bacterias.

La exposición se articula por medio de dos piezas principales interconectadas en la sala. En un primera plano, nos encontramos con un receptáculo en forma de almacén que atraviesa la sala de punta a punta. La estructura está recubierta con una lona plástica, que sirve de aislamiento entre las condiciones atmosféricas habituales del Espai 13, y el propio interior del receptáculo. Dentro de éste, diversos dispositivos humectantes se activan periódicamente y conviven con una serie de materiales como soportes para plantas de hierro forjado, cajas de frutas, y bolsas técnicas para el control artificial de atmosferas. A su alrededor hay diseminados una serie de sedimentos fruto de la presión que ejercen los neumáticos al circular sobre distintas superficies, y que Llavaneras ha realizado sobre arcilla, azúcar caramelizado, o plástico.

La segunda pieza, localizada en el pasillo de la sala, consiste en una serie de depósitos IBC llenos de líquidos. Éstos contenedores almacenan los recubrimientos alimentarios protectores de la piel de las manzanas. Aditivos que recorren el espacio expositivo mediante un circuito de mangueras, bombas de agua y temporizadores, que se activan y desactivan periódicamente. Alrededor de estos dispositivos, hay instalados unos recipientes de menor capacidad que contienen extractos de plantas fermentadas. Se trata de químicos vegetales empleados para estimular la diversidad de microorganismos y bacterias que habitan en los suelos, “malas hierbas” que Llavaneras ha cultivado, fermentado, y finalmente, relocalizado en el espacio expositivo.

Fruit belt es primordialmente un ensayo conceptual y escultórico alrededor de las interacciones entre lo humano, como agente modificador de ambientes, y aquellos contextos que cohabitan en sus márgenes, en este caso, los minúsculos ecosistemas que se construyen mediante las oxidaciones. Este vínculo, entre biológico y tecnológico -por un lado la industria agroquímica, por otro prácticas menores como la horticultura- son en definitiva dos imaginarios productivos que se filtran entre sí, y que Martin Llavaneras, enlaza en un mismo marco instalativo.

En su conjunto, la exposción explora un posicionamiento que invita a revisar los márgenes divisorios entre la especie humana y su entorno. Una forma de calibrar los confines de aquello que nos es ajeno, como la energía lumínica del sol madurando una manzana, con algo tan común como morderla y apropiarse de sus azúcares. Este gesto, que entraña un proceso de modificación de atmosferas a pequeña escala, implica en todo su proceso logístico global, una alteración atmosférica a escala planetaria. Y es que, esos gases liberados durante el transporte de materias primas, en su mayoría combustibles fósiles, no son otra cosa que el caldo de cultivo donde hace millones de años predominaron fermentos y oxidaciones. Podríamos concluir, irónicamente, diciendo que: cuanto menos oxígeno, más vida bacteriana!







Martin Llavaneras: Fruit Belt