FUNDACIÓ ARRANZ BRAVO | HOSPITALET DEL LLOBRREGAT
28.09.17 - 26.11.17
Programa Gallery Weekeng 2017, Barcelona.
Let me die alone but record it please, es el proyecto expositivo que Marc Badia (Barcelona, 1984) y Jan Monclús (Lleida, 1987) presentan, de manera conjunta y en diálogo cruzado, en la Fundación Arranz Bravo dentro del programa Gallery Weekend de Barcelona 2017.
En este sentido, Let me die alone but record it please explora la similitudes entre el binomio éxito-fracaso y el concepto de absurdo o "hacer a pesar de". Una combinación que permite entender y aproximarnos a ciertos intereses disfuncionales que comparten los dos artistas como son el error, el fallo, la broma o el reto absurdo. Es decir, una puesta en crisis que prioriza la anticipación dramática, la búsqueda de otro tipo de anhelo esperanzador, o la persecución de fantasías irracionales, por encima de aspectos más categóricos como el razonamiento o el peso convencional de nuestra sociedad, dando lugar a momentos únicos que se liberan y se desarrollan desde una posición descentrada, imprevista y desasosegada.
De este modo, la propuesta parte del primer fail grabado por una cámara de video que se remonta al año 1912. Se trata de la filmación en que el austriaco Franz Reichelt (1878-1912) quiso probar su diseño de paracaídas saltando desde lo alto de la Torre Eiffel. En las imágenes de la película podemos ver a Reichelt en el momento previo al salto y como este cae en picado produciendo su muerte instantánea. Una acción que ha pasado a la historia, más como un símbolo de estupidez que como un sacrificio al progreso tecnológico, y recordado como una acción desproporcionada.
Let me die alone but record it please, título compuesto por una frase sencilla, de bajo relieve, a medio camino entre lo marginal y lo heroico, plantea una dialéctica centrada en la pintura expandida mediante la confección de un relato escrito a cuatro manos. Una reflexión que toma protagonismo desde un discurso meta-pictórico surgido a partir de una encrucijada de roles: de una banda la figura del loser, entendido como un ente disfuncional que prioriza el ideal improductivo a la normalización instalada, de la otra, el entusiasta, que opera desde un carácter más propio del deseo y la exaltación. Dos posicionamientos reunidos en un ejercicio de intensidad máxima, bajo multitud de micro-historias que mezclan realidad y ficción, así como otras reflexiones y preocupaciones sobre las expectativas e incertidumbres del artista joven.
Citando el último verso de "El Inmaduro" de Antonio Vilar [...] la gran muerte de vivir de una sola forma [...] nos conduce, mediante una frase sencilla pero de profundo calado, a un lugar a medio camino entre lo pedestre y lo estético, con efectos de humor, desconcierto, y fantasía; algo parecido pasa con Cosimo, el personaje principal de la novela "El barón rampante" de Italo Calvino que permanece fiel a sus principios en su propósito de no bajar nunca de los árboles. De un modo parecido, Badia y Monclús abordan y magnifican -desde la fidelidad que mantienen en su manera de entender la práctica artística- la experiencia cotidiana mediante una reflexión sobre lo pictórico, a través de la utilización de recursos como la parodia o el humor. Algo que, ya sea a través de las resinas de uno, las pinturas expandidas de otro, o los objetos escultóricos realizados entre los dos, generan una suerte de activismo inútil e ineficaz capaz de repensar la condición de la pintura figurativa des del cuestionamiento del propio medio, así como de repensar la condición del artista en la actualidad.
Ambos relatos -y ambos artistas- son capaces de expresar una excitación, tan perturbadora como deshonesta, sobre la incansable búsqueda de una verdad "superior" a partir de acontecimientos que involucran grandes dosis de artificio absurdo e improductivo que, en algunos casos va más allá de los límites físicos.
Bajo estas premisas, Marc Badia toma como punto de partida las conexiones que se establecen entre la historia de la pintura tradicional y la estética contemporánea para trasladarlo posteriormente a la decodificación de la imagen actual. Centrado especialmente en la pintura expandida, su obra reciente se encamina hacia recursos más instalativos en que la pintura, la música y el objeto devienen elementos fundamentales para sus relatos a base de la propia seducción de los objetos.
Por su lado, Jan Monclús analiza las posibilidades de la pintura desde un interés por lo juegos referenciales, y una marcada inclinación hacia el accidente en el proceso creativo, algo que confluye en investigar nuevas formas de abordar la pintura figurativa. El error como punto de partida implica un desarrollo de toda una serie de gestas absurdas e improductivas que invita a cuestionar el propio acto y medio pictórico.
En definitiva, Let me die alone but record it please plantea un análisis de ficciones, lecturas simbólicas, y usos coloquiales que, desde una óptica radical y desacomplejada ponen de manifiesto -a grandes rasgos- una puesta en escena compleja aunque excitante, sobre la gestión de la incertidumbre en el devenir de nuestra sociedad actual desde dos vertientes: por un lado el ensayo a modo de relatos sobre la condición humana y sus debilidades y, por otra, la exaltación de lo insólito y extraordinario ante una actitud irónica delante del acto fallido.
Marc Badia & Jan Monclús: Let me die alone but record it please